Así influye una buena iluminación en tu bienestar físico y emocional, según la neuroarquitectura (Hola.com)

Nuestra CEO, Rita Gasalla, responde a las preguntas de Hola.com sobre iluminación en el hogar y la importancia de aplicar los criterios de arquitectura saludable y neuroarquitectura.

Revista Hola Iluminacion 1

La luz es un factor imprescindible a la hora de diseñar cualquier espacio, lo entiende así la neuroarquitectura, disciplina que con datos y evidencias científicas analiza de forma objetiva y sistemática cómo los espacios construidos modifican nuestras emociones y nuestras capacidades.

Rita Gasalla, CEO de Galöw Arquitectura Saludable (www.galow.es), nos asesora acerca de qué es una buena luz. De forma resumida, es aquella que tiene en cuenta nuestras necesidades visuales, biológicas y emocionales.

Una buena iluminación artificial es la que necesitamos en un momento determinado para llevar a cabo una actividad concreta o una necesidad personal. Y, además, es la luz que nos hace sentirnos bien, seguros, cómodos y felices, de tal manera que queremos quedarnos en ese lugar y no escapar de él.

Luz y bienestar

Sin luz no hay salud ni bienestar. De modo que la luz natural es primordial, porque la necesitamos para vivir y si estamos sometidos a la oscuridad durante la mayor parte del tiempo, ello puede llegar a provocarnos serios problemas de salud.

Rita narra: “la luz tiene efectos visuales: puede mejorar nuestra visión, reducir los síntomas de la miopía y la fatiga ocular. Pero es un error pensar que estos son los únicos efectos.  Tiene otros muchos no visuales que afectan a nuestra salud biológica, rendimiento cognitivo y estado de ánimo. Los aspectos no visuales de la luz, tienen un impacto mucho mayor en nosotros que los visuales, y son los que tratamos desde la neuroarquitectura”.

Evidencias científicas

Lo confirman numerosos estudios. El último de ellos, publicado por la revista Nature Mental Health, el mayor realizado hasta ahora sobre los efectos de la luz en nuestra salud, concluye que las personas que se exponen a la luz del día tienen menor riesgo de sufrir depresión, estrés o ansiedad, mientras que aquellas que reciben una gran cantidad de luz por la noche aumentan en un 30% el riesgo de desarrollar trastornos mentales.

Por esta y muchas más razones, es fundamental el ciclo luz/oscuridad (especialmente en los dormitorios). Porque la luz regula nuestros procesos biológicos y marca los ritmos circadianos: cuándo dormimos, cuándo comemos, cuándo nos activamos…Y por supuesto, influye en nuestro estado de ánimo (bienestar mental).

El impacto es muy fuerte. Pongamos un ejemplo, cuando entramos en casas oscuras, sin luz natural ni vistas, nuestro cerebro reacciona y expresa su malestar. Sin embargo, cuando entramos en una vivienda luminosa, ocurre todo lo contrario. “Hay que saber además que estas reacciones sensoriales tienen a continuación un impacto en aspectos como nuestra vista, tensión arterial, o sistema reproductivo”, añade la experta. 

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